Tomate frito

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Esta es una de esas recetas que siempre he querido escribir. Por muchas razones, pero la principal es simple, tener una excusa para hacerlo. Y para disfrutarlo. Esta espectacular. Seguramente sea por lo recuerdos tan buenos que me trae de la infancia y de las comidas familiares. Y por rememorar ese instante en que buscábamos todos los hermanos ese momento en que mi madre o Josefa se descuidaban y te acercabas sigilosamente a la cacerola y o bien metías la cuchara o si habías tenido suerte mojabas una buena sopita, eso sí, so riesgo de achicharrarte la lengua . Seguro que es eso.

Fórmula magistral:

Lo normal para una familia como la de un servidor, cinco boquitas que quieren llevarse algo al estómago es hacer un kilo de tomate.

Para hacer un kilo de tomate:

  • Una lata de tomate natural triturado de un kilo.
  • Una cebolla, hermosa. O su equivalente en cebolla congelada.
  • Aceite de oliva virgen extra. Una vez más me decanto por el de mis amigos de la almazara ecológica Luque. Extraordinario.
  • Sal

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Ejecución de la fórmula magistral:

Trocear la cebolla muy finita. Una vez troceada ponerla a pochar en una cacerola (para que no salpique demasiado la cocina.). Cuando decimos pochar nos referimos a ese punto en que la cebolla se queda transparente, justo cuando pierde ese punto de amargor característico y empieza a endulzar, justo ese punto es el que necesitamos.

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Una vez pochada la pasamos por la batidora y la hacemos puré. Este punto es muy importante, ya que si pasamos a la vez el tomate con la cebolla se nos quedará naranja. No me preguntéis porqué, pero creedme, es cierto.

A esta receta no hace falta añadirle azúcar si seguimos el paso de pochar la cebolla tal y como hemos comentado más arriba.

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Pochada y batida la cebolla le añadimos la lata de tomate triturado y ponemos a fuego medio.

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Nuestra recomendación es taparlo con una tapadera de rejilla y en su defecto con una tapadera normal dejando una rendija. Si no lo tapáis no vengáis luego a decirme que se os ha quedado la cocina con más lamparones que lunares tiene un traje de gitana.

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Normalmente con unos veinte minutillos a fuego alegre (en nuestra vitrocerámica lo pongo en el 7 de 9 niveles, aunque eso ya sabemos que no es muy significativo)

El resultado final debería quedar un con una textura como la que se intuye en la foto de más abajo. Vamos, pá mojar sopas, nunca mejor dicho.

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